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Beatriz Juvera: “Me desahijé para iniciar otras cosas en la danza”

Foto: Archivo Beatriz Juvera

Hablar de la muestra internacional Un Desierto para la Danza sin mencionar a la maestra Beatriz Juvera es contar una historia incompleta.
A ella se le atribuye el inicio de la danza contemporánea en Sonora, el ingreso de los varones a esta disciplina y la formación de la compañía que sentaría los precedentes del festival.
Charlar con ella es percibir una fuerza que definitivamente tuvo que existir para que la danza sonorense llegara a los grandes escenarios.
La clave de ese éxito obedece, dice sin ánimo de presunción, al espíritu de independencia que la llevó a buscar más en la danza, luego de haberse formado con la maestra Martha Bracho.
“Soy un producto de la profesora Bracho, que inició la danza moderna, que es un estilo de pensar y bailar, pero tuve que peregrinar para estudiar historia, metodología de la danza, anatomía aplicada al arte, cosas que aquí no me enseñaron. Me desahijé para iniciar otras cosas“, afirma.
En 1986 su grupo Truzka organiza con otras compañías el Primer Encuentro de Danza del Noroeste, del cual derivaría el primer Un Desierto para la Danza, en 1993.
En las primeras ediciones, no recibió el justo crédito por la realización del festival, pero el tiempo se ha encargado de escribir su nombre en el justo lugar en la historia de la danza contemporánea.


¿Qué le dicen 20 ediciones de Un Desierto para la Danza?
Una de las cosas que más me satisfacen es que la calidad y el espíritu con el que lo hicimos los bailarines se sigue conservando, lo que más me enorgullece es que han pasado sexenios y la institución (Instituto Sonorense de Cultura) lo sigue conservando porque lo considera importante.
En cuanto a los bailarines, sobre todo los coreógrafos que son de aquí, creo que debería haber más compromiso, con ayuda de ustedes los de difusión, porque hemos perdido el público que habíamos formado, y esto tiene que ver con el lenguaje. Creo que tenemos que revisar el lenguaje y el espíritu de lo que es contemporáneo, porque la diversidad de las edades necesitamos el arte, el mundo necesita el arte, y en ese sentido tendríamos que aportar más cosas para que la institución haga una evaluación y hacer una difusión de otro tipo.

Carmen Bojórquez (INBA) dijo que la danza contemporánea en Sonora es la más vigente y dinámica del país ¿A qué atribuye usted, como iniciadora de este movimiento, el nivel logrado?
Al espíritu que tenemos y voy a presumir: creativo, independiente, con coraje y seguro de sí mismo. Creo que en este caso yo supe hacer bien las cosas, por eso fui el parteaguas. Antes no se daba mucho, la educación artística académica estaba acaparada por Emiliana de Zubeldía y Martha Bracho y a ellas no les interesaba que nos desahijáramos, mientras que yo me desahijé, estoy hablando en términos vaqueros, para iniciar otras cosas.
Soy iniciadora de los hombres en la danza, en esa época Truzka era quien tenía más muchachos bailando en el país. Soy una adolescente de los años 70 y luché por la libertad, les enseñé a ser libres, bailarines como David Barrón que conmigo tenía un año me dijo “necesito irme un tiempo a México“. Le dije “ve, tú ya sabes el abc, tú ve abierto”, y lo aceptaron inmediatamente. Creo entonces que la hicimos bien.


¿Cuál sería el reto para las nuevas generaciones de bailarines sonorenses?
Ahorita estamos en el posmoderno. Es como un retroceso en el sentido de que tenemos muy buenos bailarines pero no se han formado grupos nuevos. Con lo contemporáneo no solo se revolucionaron los escenarios, sino la metodología, la forma de enseñar la técnica. Los maestros que están ahorita no tuvieron una formación de izquierda, no tuvieron una metodología como la de Xavier Francis. Les están enseñando como me enseñaron a mí. Yo soy producto de la maestra Bracho pero tuve que peregrinar para estudiar historia, metodología de la danza, anatomía aplicada al arte, cosas que aquí no me enseñaron.

En cuanto a “Un Desierto para la Danza“, ¿Cómo mantener el prestigio alcanzado por este festival internacional?
Eso depende de los bailarines, la institución está cumpliendo. Para que haya más cosas los bailarines se tienen que desplazar más si presumen que son independientes. Ha cambiado el compromiso, eso ha impedido que se formen más grupos.

¿Por qué la sociedad necesita de la danza?
La danza te cuenta lo mismo que lees en un periódico o lo que siente una madre, pero te lo está contando de otra forma por medio del arte.
El propósito del arte es el amor. Y eso no quiere decir que los contenidos van a ser livianos. Una buena danza o una buena música te pueden contar del drama más grande y tú lo tienes que notar. El arte es la elevación del alma aunque te esté contando tragedias. Quizá no lo entiendas mucho, pero ver los cuerpos moverse es una maravilla.

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