jueves, 26 de enero de 2012

Beginners: Una pelicula sobre empezar a ser reales




“Ser real, a veces, duele pero cuando lo eres ya no te importa que te hagan daño”, Margery Williams.


Oliver es un soltero con casi 40 años, sin fe en las relaciones duraderas y cuyo padre setentón, al enviudar, le revela que es homosexual y que ha decidido empezar a disfrutar la vida antes de que el cáncer se lo impida.

Ése es el argumento de Beginners (Mike Mills, 2010), pero la película no habla sobre tolerancia ni sobre relaciones padre-hijo, sino acerca de individuos que se aventuran a ser reales.

Hay una parte donde Oliver (Ewan McGregor) hace referencia a un cuento llamado “El conejo de terciopelo”. En éste, un caballo de juguete le explica al conejo que ser real puede doler y, además, tarda mucho tiempo en ocurrir, incluso hasta que uno está gastado y maltrecho. “Pero estas cosas no importan ya, porque una vez que eres real ya no puedes ser feo, excepto para la gente que no comprende".

El viejo Hal (Christopher Plummer) ya está canuzquito y maltratado cuando se avienta a salir del closet con todas las de la ley. Y aunque sufre de un cáncer terminal, nunca fue tan real como en sus últimos años de vida: emparejado con un joven guapo, rodeado de amigos y cercano a su hijo.

A Oliver también le cuesta atreverse al dolor de la realidad. Y cómo no, si la idea que toda la vida tuvo sobre el amor de pareja fue la imagen de unos padres que no se amaban, lo que lo llevó a terminar siempre con sus relaciones.

Un tercer personaje es Anna, la actriz francesa cuyos propios dramas le impiden tener alguna relación estable y que funciona como un catalizador para que aquel buen hombre se anime a intentarlo.

Quien al parecer murió sin llegar a ser "real", es la madre de Oliver, una mujer que no logró, en más de 40 años de esfuerzos, "curar" la homosexualidad de su marido. Por cierto ella, es una muestra de que no se necesitan largos diálogos o muchas apariciones para conseguir un personaje bien hecho.

Lo bien lograda de la historia no radica sólo en lo que cuenta, sino en el cómo. Quien narra es Oliver. Lo vemos 3 épocas. Primero está la actualidad, donde vemos al personaje en estado depresivo y melancólico tras quedar huérfano de padre, y también lo vemos conociendo a Ana.
Los otros niveles de la narración se presentan a manera de flashbacks. En unos, presenciamos la evolución de la relación padre-hijo en la etapa gay-moribunda, y en otros nos regala algunos episodios memorables de su infancia.

El contexto en que ocurre la historia queda claro gracias a los datos acerca de los conceptos de amor y belleza que existían en la época de sus padres, las creencias que se tenían sobre la homosexualidad y el movimiento que había entonces alrededor del tema en California, y que Oliver nos explica a lo largo de la película a través de imágenes que se suceden en una especie de diapositivas.

Otro acierto del director, quien por cierto es integrante de la banda R.E.M., es el simpático perrito Arthur (y eso que no amo a los perros, aún), quien funge como una especie de alter ego de Hal, y luego de Oliver.

El mensaje se logra: siempre somos principiantes en los temas de la vida. He estado pensando en el asunto, especialmente en el cuento del Conejo de Terciopelo, y si hay alguna duda que me surge es ¿En verdad nada puede dañarnos cuando somos reales? Suena difícil pero se antoja la idea de empezar a intentarlo.







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