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Estocolmo

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Foto: http://www.yelp.com/biz_photos/glenn-miller-caf%C3%A9-stockholm?select=PTui-SVbcZtuV4npTwCGHA#hxwH7uH_yF-ZvycCDzuEPw Mis pasos son dedos tibios sobre la piel fría de Estocolmo; huellas que terminan donde la puerta del Glenn Miller Café abre hueco a la música en el silencio de la ciudad. Del saxofón que toca la mujer del grupo -blanca bendita entre oscuros caballeros- nace un riachuelo cálido que fluye gradualmente por mi oído y va fundiendo un interior entumecido. No sé qué me cautiva más, si el jazz en vivo o la calma de los suecos embelesados al calor de la música, en la perfección de la noche. Me da miedo abrir la boca y que la emoción emerja en un torrente de bronquedad latina. Que sea yo quien rompa esta burbuja de paz. No logro recordar si la escena ocurrió o los personajes de una postal vista en alguna tienda de Estocolmo se materializaron en mi mente y acontecen cada que el recuerdo me coge por sorpresa. Me pienso en el Glenn Miller Café : cervez...

Paladear Lisboa

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Foto: Viajediario.com Las ciudades están para ser vistas y escuchadas, olidas y tocadas pero, ante todo, saboreadas. Y es preciso probarlas en lo dulce y lo salado para que la degustación sea completa. En Lisboa nos han hablado de los pasteles de Belém. Así que una tarde nos dirigimos al barrio del que toman el nombre. Afuera de La casa de pastéis, la fila es tan larga como bullente de acentos y pieles variados, tanto así, que la boca se me hace agua imaginando el manjar que está a punto de tocar mi estómago. Dicha empresa los vende como “pan caliente” desde 1837, luego de que un monje empezara a comercializarlos para subsistir tras el cierre del Monasterio de los Jerónimos. La casa de los pasteles de Belén y el monasterio, cohabitan en la misma zona. Adentro del establecimiento hay una puerta que dice “Oficina do segredos”. Solo los maestros pasteleros tienen acceso a la receta de este postre que cada día se vende por miles. La fila avanza rápido hasta el mostrador donde despa...

De fotos, papel, pixeles, recuerdos…

De un tiempo a acá, me intriga la evolución que ha tenido el sentido que le damos a la fotografía. De la magia de revelar, pasamos a la novedad de imprimir y luego a la urgencia de publicar. Como la vida es una sucesión de momentos y nuestra era es la digital, la premisa parece ser “si no lo publicas en la Red, haz de cuenta que no sucedió”. Me da entre nostalgia y lástima que nuestras memorias no permanezcan como antes en el papel. Aquellas impresiones de 4 x 6 que se escapaban de los álbumes, que emergían de la última página leída de algún libro o que, tarde o temprano, terminaban en el bote de basura, retenían los recuerdos durante al menos un poco más de tiempo que nuestras fotos digitales de hoy, esas con las que parecemos querer comprobarle al mundo que sí vivimos. ¿Quién quiere ya compartir recuerdos en papel, lustre o mate, con poca gente, si en los escaparates virtuales las pueden ver miles de personas? Ya nadie ejercita la memoria ni necesita de palabras para des...

Presentación del fanzine cultural Pez Banana en la Universidad Kino

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Foto: Pez Banana Por Alejandra Meza Si consideramos el periodismo como un discurso que reconstruye la realidad social, todo parece indicar que en nuestra ciudad de Hermosillo no ocurre actividad artística o cultural alguna. O al menos, así podría interpretarse el contenido de los medios de comunicación de circulación local. Supongamos que dentro de 20 años, por mencionar un momento, alguien siente curiosidad por saber cómo era la dinámica cultural de Hermosillo en el año 2013. Revisará la hemeroteca digital de los principales diarios y qué encontrará: noticias que le remitirán a una sociedad cuya prioridad era estar al día en el conteo de muertos por violencia y de las promesas políticas sobre agua y empleo. Quizá corra con suerte y encuentre en un rincón una fotografía del corte de listón de una muestra de pintura o el programa de actividades de las Fiestas del Pitic. Este sujeto hipotético regresará a su casa sin haberse enterado que en 2013 había en Hermosillo un camp...

Meditación y viaje en el Hotel Nómada de Cees Nooteboom

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Quien me siga ha de ponerse en camino a la fuerza. En camino y perderse. —C.N. Por Alejandra Meza Abundan las revistas turísticas pero cuando se trata de encontrar buenos libros de viaje las cosas se complican. Por eso se agradece que un libro como Hotel Nómada (Siruela, 2002) del holandés Cees Nooteboom (1933), aterrice en tus manos, sobre todo, si para ello antes cruzó el océano Atlántico. Es que éste es un buen ejemplo para precisar lo que es y no es literatura de viajes, porque una cosa son las publicaciones que reseñan lo esencial de los destinos turísticos de moda, y otra, muy lejana, que un escritor viajero se abra el pecho y muestre el mapa que los sitios visitados han trazado en su alma. Su autor se asume como alguien que recorre el mundo para practicar la meditación, aunque, confiesa, no fue así desde el principio, pues cuando a los 20 años se despidió de su madre y pidió aventón en carretera, nunca contempló esa posibilidad. Simplemente nece...

Oporto - Vila Real

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Oporto nombre de vino y ciudad. El alcohol corre por las venas de quien lo bebe, y mis piernas por esta urbe que en portugués significa “puerto” pero no me deja zarpar. A qué sabrá el Oporto, es lo que menos pienso mientras subo y bajo calles empinadas de piedra en busca de la estación de autobuses. Tengo prisa, no miedo. Bien podría quedarme a vivir un año en este lugar de rostros afables. Hombres maduros y morenos detrás de gruesos bigotes negros se detienen cuando les pido ayuda para encontrar Rodonorte, me dicen “Primeira direita, segunda esquerda”, se esmeran en hacerse entender. Pero al quinto intento me rindo. Regreso mentalmente  a mi punto de partida, la estación del Metro y repaso las instrucciones en mi libreta, pero no logro dar con el lugar. Qué fácil sería todo si trajera un celular o cualquier otro dispositivo pero hace tiempo dejé de creer en los hubieras y si no encuentro la estación de autobuses deberé inventarme una porque se está haciendo tarde y algui...

Sobre Ryszard Kapuscinski

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“Como los camellos cruzan el desierto, así los relatos cruzan la soledad de la vida, ofreciendo hospitalidad al oyente, o buscándola. Lo contrario de un relato no es el silencio o la meditación, sino el olvido”, John Berger Por Alejandra Meza Si los directivos de algunos periódicos tuvieran una pizca de la visión que caracterizó a Ryszard Kapuscinski, leer sus portadas sería como ver una buena película, leer un poema o escuchar una canción y al mismo tiempo (in)formarse. Pero quizá es demasiado pedir, considerando que muchos nunca han ejercido el periodismo y algunos ni entienden del tema. Pero ésa es otra historia. ¿Por qué leer a este escritor polaco, más allá de satisfacer una necesidad informativa, llega a ser de esas experiencias que estremecen el alma? Seguramente porque en pleno siglo XX, cuando periodismo y literatura empezaban a considerarse dos actividades casi opuestas al confundirse objetividad y veracidad, con parquedad y desencanto, Kapuscinski registró l...