jueves, 27 de febrero de 2014

Estocolmo

Foto: http://www.yelp.com/biz_photos/glenn-miller-caf%C3%A9-stockholm?select=PTui-SVbcZtuV4npTwCGHA#hxwH7uH_yF-ZvycCDzuEPw

Mis pasos son dedos tibios sobre la piel fría de Estocolmo; huellas que terminan donde la puerta del Glenn Miller Café abre hueco a la música en el silencio de la ciudad.
Del saxofón que toca la mujer del grupo -blanca bendita entre oscuros caballeros- nace un riachuelo cálido que fluye gradualmente por mi oído y va fundiendo un interior entumecido.
No sé qué me cautiva más, si el jazz en vivo o la calma de los suecos embelesados al calor de la música, en la perfección de la noche.
Me da miedo abrir la boca y que la emoción emerja en un torrente de bronquedad latina. Que sea yo quien rompa esta burbuja de paz.
No logro recordar si la escena ocurrió o los personajes de una postal vista en alguna tienda de Estocolmo se materializaron en mi mente y acontecen cada que el recuerdo me coge por sorpresa.
Me pienso en el Glenn Miller Café: cerveza en mano y recargada en la barra, la banda a mi espalda y yo gozando el espectáculo que da el público.

A veces pasa que vivo adentro de una tarjeta postal.


Foto:
http://www.yelp.com/biz_photos/glenn-miller-caf%C3%A9-stockholm?select=PTui-SVbcZtuV4npTwCGHA#hxwH7uH_yF-ZvycCDzuEPw

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